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Ana Belén. Web oficial

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Encuentros en espacios sonoros

15-abr.-2011

Hace unos meses que Rosa Torres-Pardo, considerada la pianista más grande en la interpretación de repertorio español (sobre todo Albéniz) y Luis García Montero, a la cabeza de la poesía española contemporánea, compartieron en el escenario un bello homenaje a Albéniz.

Entre ellos dos nació un binomio fantástico. La pianista involucró rápidamente al poeta -que tomó el relevo a los desaparecidos Ángel González, José Hierro y otros grandes del siglo XX- como guionista y autor de un espectáculo al que ella llevaba dando vueltas para poner en pie con la actriz y cantante Ana Belén. Ésta, a su vez, tiró de su propio cordón umbilical para que fuera el director escénico José Carlos Plaza quien dotara al proyecto de una dramaturgia que convirtiera aquello en algo más, mucho más, que un simple recital que combinaba música y poemas.

"Ella quería un espectáculo que fuese un diálogo entre el piano y la palabra, entre la poesía y la música", señala García Montero al hablar del embrión y origen de Música callada. La vida rima, nombre que han dado al espectáculo que estrenaron los cuatro creadores la noche del jueves en el Teatro Arriaga de Bilbao. Claro que para el poeta todo se ha fraguado gracias a y por la capacidad de seducción de Torres-Pardo, que parece ser la encargada de encandilarles con tan bello proyecto.

Mientras lo de La vida rima es un homenaje a William Layton, maestro de Plaza y Ana Belén, el primer verso que da nombre al espectáculo deja ya clara la presencia en él de San Juan de la Cruz y Federico Mompou. Pero además de ellos están en la alineación musical Mozart, Chopin, Antón García Abril, Stravinsky, Kourt Weill, Albéniz, Gershwin, Beethoven, Joseph Kosma, Gabriel Fauré, Prokovieff, Bela Bartok, adaptados musicalmente por Torres-Pardo, mientras que en la alineación literaria aparecen Luis Cernuda, Rafael Alberti, Jaime Gil de Biedma, Jacques Prévert, José Hierro, Federico García Lorca, algunas estrofas de Ángel González y el propio García Montero, no solo seleccionador de estos textos, que también son un homenaje a sus maestros. Su papel ha sido también el de urdidor de una historia en la que no falta un hilo conductor de principio a fin, cuyo tejido también ha solidificado el trabajo de Plaza. El director ha teatralizado la relación entre actriz y pianista encima del escenario y ha convertido al público en voyeur de lo que podría ser un encuentro entre ambas en torno a sus pasiones.

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